La healthtech brasileña Brain4care destacó un estudio publicado en Springer Nature que presenta los resultados de costo-efectividad obtenidos por el Hospital de Clínicas de la UNICAMP en el manejo de pacientes críticos, guiados por la adherencia intracraneal, e indicó que “actuar en el tiempo cambia los resultados clínicos y económicos”.
“La incorporación de una evaluación no invasiva de dinámica intracraneal en tiempo real representa un avance en la atención al paciente: pasar de un modelo reactivo basado en imágenes a uno preventivo impulsado por datos fisiológicos”, explican desde la compañía.
Según el informe, el impacto de utilizar la tecnología de monitoreo no invasivo de la distensibilidad intracraneal impulsa un cambio de paradigma en el que se pasa del tradicional manejo del paciente crítico centrado solo en la presión intracraneal (PIC), a uno donde cobra relevancia la morfología de la onda (la distensibilidad o compliance), que permite detectar el deterioro neurológico mucho antes de que la presión suba a niveles peligrosos.
La intervención guiada por la distensibilidad cerebral demostró una detección precoz de las alteraciones y capacidad de actuar antes de que ocurran daños irreversibles. También ofrece personalización de la atención del paciente con esta patología mediante ajustes de las terapias (como el uso de manitol o cambios de posición) basado en la fisiología en tiempo real. Y la posibilidad de ofrecer una mejor pronóstico a través de la reducción de complicaciones secundarias.
El estudio destaca, además, que, aunque hay una inversión inicial en el monitoreo, el hospital ahorra dinero gracias a la reducción de la estadía en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) porque los pacientes se estabilizan y reciben el alta hacia cuidados intermedios más rápido. Y un menor uso de recursos (ventilación mecánica y fármacos de alto costo), además de la prevención de secuelas y su consistente ahorro en costos a largo plazo asociados a la discapacidad severa.
Como conclusión, el estudio de Springer Nature valida que “el tiempo es cerebro” y que el monitoreo continuo y no invasivo permite una “ventana de oportunidad” terapéutica que no solo salva vidas, sino que hace que el sistema de salud sea más sostenible financieramente.
