Por Fernando Ballina, jefe del Área Ingeniería Clínica del Hospital de Alta Complejidad en Red “El Cruce”, Dr. Néstor Carlos Kirchner y vicedirector del Instituto de Ingeniería y Agronomía de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ)

“El 12 de marzo de 2026, el Congreso Nacional del Pueblo de China aprobó el 15.º Plan Quinquenal. 141 páginas que, bajo la prosa habitual, contienen una hoja de ruta detallada de las industrias que van a redefinir la economía global para 2030 y más allá.
Hay dos niveles en el plan. Las industrias estratégicas emergentes — con impacto en el corto plazo — y las industrias del futuro: seis sectores de frontera que Beijing apuesta a convertir en nuevos motores de crecimiento económico en la próxima década.
En el marco de un curso de posgrado de “Innovación en Sistemas de Salud” que se va a dictar entre la UNAJ y la Universidad de Comercio Internacional y Economía de China (UIBE), encontramos que esas seis industrias del futuro son relevantes para cualquier líder o tomador de decisión en salud.
El ecosistema que China está construyendo va a definir el precio, la disponibilidad y las posibilidades técnicas de la medicina global en los próximos 10–15 años.
Biofabricación — el impacto más directo y más urgente
La biofabricación combina biología sintética, edición genómica y manufactura avanzada para producir moléculas, materiales y tejidos de origen biológico. En términos concretos: terapias CAR-T para cáncer, vacunas de ARNm de nueva generación, biosimilares, tejidos para medicina regenerativa.
El obstáculo hoy para muchas de estas terapias no es científico. Es de manufactura. Una terapia CAR-T cuesta entre USD 300.000 y 500.000 por tratamiento en Occidente, no porque la ciencia sea cara, sino porque producirla lo es. China está construyendo la capacidad industrial para quebrar esa ecuación.
Para los sistemas de salud de América Latina — que importan la mayoría de sus biológicos y dependen de cadenas de suministro que la pandemia demostró frágiles — esto tiene consecuencias directas: mayor disponibilidad, precios más bajos, y una dependencia tecnológica que hay que empezar a gestionar desde ahora.
Tecnología cuántica — la que lidera la lista
Encabeza la lista de las seis. En la gramática de la política industrial china, el orden no es decorativo: señala prioridad de asignación de recursos.
El impacto en salud no es inmediato, pero sí transformador. Los computadores cuánticos pueden simular interacciones moleculares con un nivel de detalle imposible para los sistemas clásicos, acortando el ciclo de desarrollo de fármacos de 12–15 años a estimaciones de 6–8 años. La criptografía cuántica ofrecerá protección teóricamente irrompible para registros clínicos y datos genómicos, en una era donde los ataques a infraestructura de salud son cada vez más frecuentes. Los sensores cuánticos permitirán magnetoencefalografía sin criogenia y resonancias magnéticas de mayor resolución.
El horizonte de maduración clínica es de 5–10 años. Pero el tiempo para construir capital humano, marcos regulatorios e infraestructura de datos es ahora, no después.
Interfaces cerebro-computadora
China tiene más de 100 equipos de investigación activos en interfaces cerebro-computadora (BCI, por sus siglas en inglés). El plan incluye marcos regulatorios específicos para esta tecnología — algo que en muchos países occidentales aún está en debate.
Las aplicaciones médicas son concretas: neurorrehabilitación post-ACV, tratamiento de Parkinson y epilepsia refractaria mediante estimulación cerebral adaptativa, comunicación para pacientes con síndrome de locked-in, monitoreo neurológico ambulatorio continuo.
América Latina tiene alta carga de enfermedad neurológica y recursos limitados para neurorrehabilitación. Los sistemas BCI de bajo costo producidos en China van a democratizar el acceso a tecnología que hoy está limitada a centros de referencia de alta complejidad.
La pregunta no es si van a llegar. Es si vamos a tener los profesionales formados para usarlos cuando lleguen.
Inteligencia corporizada — el mercado más grande del mundo para robots de salud
“Inteligencia corporizada” es el nombre que usa el plan para robots humanoides y sistemas de IA que interactúan físicamente con el entorno real.
Algunos datos para entender la escala de lo que viene: para 2030, China tendrá más de 300 millones de personas mayores de 60 años. Con una relación trabajador-adulto mayor insostenible para el cuidado manual, los robots de asistencia no son ciencia ficción: son política de bienestar. Shenzhen lanzó en 2025 un fondo de 10.000 millones de yuanes específicamente para esta industria.
Para el sector salud: cirugía robótica que va a ser accesible para hospitales de mediana complejidad, exoesqueletos para rehabilitación, robots de logística hospitalaria ya operativos en más de 800 hospitales chinos. Y, en convergencia con las BCI, sistemas de rehabilitación que leen intención neural y asisten el movimiento de manera adaptativa.
La escala de inversión que China está poniendo en esta industria genera la manufactura que reduce costos. El mercado que construye para sus adultos mayores va a ser la plataforma de menor costo disponible globalmente para el cuidado en salud.
6G — la infraestructura que hace posible todo lo demás
Para el sector salud, el 6G no es “internet más rápido”. Es la infraestructura habilitante de una nueva medicina.
Latencias menores a en el orden de los microsegundos (100 µs) hacen posible la cirugía robótica a distancia con seguridad clínica real. Cobertura integrada terrestre-satelital proyecta telemedicina especializada en cualquier zona remota de América Latina. IA distribuida nativa en la red permite que modelos de diagnóstico por imagen corran localmente — sin enviar datos sensibles a un centro de datos — preservando privacidad y reduciendo costos.
China tiene posición dominante en la estandarización del 6G. Las redes que se desplieguen en el período del plan van a estar construidas sobre infraestructura y estándares chinos. Eso tiene implicancias de acceso, soberanía de datos y dependencia tecnológica que los sistemas de salud de la región necesitan anticipar, no reaccionar.
Hidrógeno y fusión nuclear — el menos obvio, pero relevante
El menos evidente en los debates sanitarios, pero el más crítico a nivel de escala. Mientras el hidrógeno se perfila como la solución definitiva para la resiliencia energética hospitalaria y la última milla de la cadena de frío farmacéutica, la fusión nuclear resolverá el costo operativo de la tecnología.
La medicina del mañana (6G, interfaces cerebro-computadora, IA corporizada) es electro-dependiente y hambrienta de datos. Al liderar la carrera de la fusión nuclear, China no solo busca soberanía energética; busca garantizar que el costo del gigavatio que procesará los diagnósticos del futuro sea lo suficientemente bajo como para hacer que su sistema de salud sea sostenible y exportable.
El punto que me parece más importante de todo
Hay una tendencia cómoda en América Latina a mirar estos desarrollos como “el futuro de los países ricos”. Es un error de diagnóstico.
China no está desarrollando estas tecnologías para vendérselas a sistemas de salud europeos o norteamericanos. Las está desarrollando para resolver sus propios problemas: una población enorme, una demografía que envejece, una geografía vasta con zonas remotas, y un sistema de salud que necesita escalar sin que los costos escalen proporcionalmente.
Ese perfil de problema es más parecido al de Brasil, México, Argentina o Colombia que al de Alemania o Japón.
Las tecnologías que China escala para su mercado interno van a estar disponibles con los menores costos del mundo. Pero el acceso a esas tecnologías no es automático. Requiere capital humano formado, marcos regulatorios que las contemplen, infraestructura que las soporte, y — sobre todo — decisores que entiendan lo que tienen delante cuando lleguen.
El 15.º Plan se aprobó en marzo de este año. Las empresas que implementan estas industrias ya están operando. Los hospitales que usan robótica, IA diagnóstica e interfaces BCI están en China, disponibles para ser visitados, entendidos y analizados.
La pregunta no es si estas seis tecnologías van a transformar el sector salud en América Latina. La pregunta es cuándo — y si vamos a llegar preparados o reactivos”.
